Aprender de los alumnos

Aprender de los alumnos

Durante el curso, los profesores nos centramos en que los alumnos aprendan todo lo que podamos enseñarles, de los libros de texto, de nuestras explicaciones, de los modelos que les proponemos, de las actividades que hacemos con ellos. Pero a la vez, los  profesores estamos constantemente aprendiendo de los alumnos. Trabajar con jóvenes es una gran ventaja, ya que tienes que renovarte constantemente, aprender a tratarlos curso tras curso.

Pero creemos que, al realizar alguna actividad fuera del aula, es el momento en que más aprendemos de nuestros alumnos; cuando estamos en el centro solo vemos una faceta de ellos y tendemos a encasillarlos en función de sus actuaciones en clase o en el patio, pero si nos sentamos con ellos a escucharlos, lejos del ámbito académico, si dejamos que nos cuenten sus inquietudes y motivaciones es cuando aprendemos cómo son y los conocemos de una forma que en el aula es difícil o imposible. Conocemos a la persona que hay detrás del alumno.

En los últimos años, desde el IES de Sahagún, se han presentado proyectos para realizar varias actividades convocadas por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. De todas las que hemos solicitado, se nos han concedido dos y, gracias a ello, hemos tenido la inmensa suerte de salir de viaje con los alumnos de este centro en dos ocasiones: primero, el curso pasado, para realizar una ruta dentro del programa “Rutas científicas, artísticas y literarias”, viajando durante una semana por Cataluña y Comunidad Valenciana. Y, más recientemente, con el “Programa de recuperación y utilización educativa de pueblos abandonados”, gracias al cual hemos pasado otra semana en Búbal, Huesca.

En las dos ocasiones, nuestros alumnos han sido un modelo de comportamiento, de saber estar y de convivencia que nos ha sorprendido, y hemos terminado aprendiendo de ellos tantas cosas que hoy queríamos (necesitábamos) compartirlas aquí. En especial, en lo relativo al último viaje realizado, que ha resultado ser muy especial para todos.

Durante la tercera semana de mayo, un grupo de alumnos del IES ha viajado a Huesca, pero el viaje no solo ha sido geográfico. Hemos aprendido todos tanto que es difícil expresarlo con palabras.

Uno de los valores que promueve el Ministerio con estos programas es el de la convivencia entre centros diferentes y de lugares distintos. En esta ocasión, el centro con el que compartimos experiencia era un colegio de Educación Especial de Torrelavega, en Cantabria.

Tenemos que confesar que, cuando nos pusimos en contacto con el centro educativo para presentarnos y hablar con ellos, nos asustamos. Nos asustamos porque íbamos a tratar con alumnos con discapacidades psíquicas, con problemas realmente graves y, sinceramente, no sabíamos cómo íbamos a hacerlo, ni cómo iban a reaccionar los alumnos ante este hecho, si sabríamos tratarlos, si estaríamos a la altura. La duda nos atormentaba.

Pero, como siempre, los alumnos nos han dado una lección. Una lección enorme porque, desde el principio, no tuvieron ningún problema, primero al recibir la noticia (que quedó en un simple: “pues nada, que hay que tratarlos con respeto”) y luego al relacionarse con los alumnos del otro centro, de igual a igual. Los aceptaron como se acepta a una nueva amistad: sin cuestionarlos. 

Los otros chicos a veces necesitaban ayuda para realizar tareas, o entraban en dinámicas propias de sus enfermedades, como repeticiones constantes, o negativas sin motivo, o dejaban de pronto de hacer lo que estaban haciendo. Hemos visto a nuestros chicos con una paciencia infinita, llevar de la mano a otros, hablarles suavemente, repetirles cosas que ya les han dicho una y otra vez a lo largo de los últimos minutos, las últimas horas, los últimos días. 

Se han llevado muy bien. Han bromeado y reído juntos, han participado en todos los juegos juntos, se han abrazado, cogido de las manos, se han emocionado y han llorado juntos, se han escaqueado de las tareas y de las normas juntos; han hecho piña y han sido un grupo de alumnos de excursión lejos de casa en un lugar idílico sin mirar las diferencias, que en muchas ocasiones no notaban o no veían. Lo único que han visto en ellos son muchachos alegres, amigos cariñosos, compañeros leales con los que han trabajado, compartido experiencias y se han divertido repartiendo sonrisas por doquier, solo hay que ver las fotografías que se hicieron juntos, peleando por abrazarse y ser los protagonistas de las instantáneas.

Hemos recibido felicitaciones sinceras por parte de las profesoras del centro cántabro, que aseguran que la sintonía y la convivencia que hemos vivido no suele ser lo habitual cuando sus alumnos salen de su círculo. También nos han felicitado los monitores que nos han acompañado durante los siete días de estancia en Huesca, por los alumnos tan maravillosos que tenemos y por su ejemplo de convivencia con unos chavales que no eran fáciles.

En definitiva, creemos que nuestros chicos nos han dado una lección que no olvidaremos nunca. Y no sabemos cómo expresar lo orgullosas que estamos de ellos, lo mucho que hemos aprendido de todos ellos, en todos los terrenos, y lo felices que estamos de haberlos acompañado, de ser sus profesoras y de tenerlos como alumnos.

Por eso hemos escrito estas líneas, para darles las gracias. Gracias a nuestros alumnos por la lección de convivencia; por enseñarnos a hacer las cosas más simples de lo que son, a disfrutar de cada momento, por enseñarnos tantas cosas en tan pocos días y sobre todo dejarnos formar parte de su vida compartiendo esta experiencia.

Sinceramente, GRACIAS.

Autor/a: Marta Fernández y Rosana Prieto

Editor/a: Marina Vega Llorente

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